Sename: Los niños que Chile olvidó en las manos de políticos

Repensar, Intervenir masivamente y reestructurar el Servicio Nacional de Menores debe ser una prioridad de extrema urgencia. Siento que, como país, no le hemos tomando el peso que corresponde.

Luego de que el diputado René Saffiro contradijera las cifras de Sename y revelara que no habían sido 185 sino 477 los niños muertos mientras eran atendidos por la institución en los últimos 5 años, queda más que al descubierto la escandalosa forma en que está configurada la organización. La excusa barata de que la complejidad del servicio es lo que hace difícil el cálculo, es sólo una muestra gratis de la desprolijidad, tanto en la administración como en la operación de la institución.

Cuando algunos desquiciados y terroristas matan docenas de personas en Europa o los Estados Unidos sentimos la conmoción de los ataques y solidarizamos con las víctimas. Compatriotas, aquí tenemos al menos 477 chilenos muertos, todos menores de edad. Tenemos a nuestros niños totalmente olvidados en manos de políticos, sus círculos familiares y amigos del partido que, hasta ahora, sólo han tratado que la institución pase lo más piola posible.

Hace poco conversé con alguien que visitó un hogar del Sename recientemente y había visitado otros con anterioridad. Las escenas que me relató me parecieron tanto groseras como dolorosas. Me habló de olores putrefactos, niños entre 1 día a 18 años hacinados que no van al colegio, una niña lavando a mano la ropa de su hermana menor, y de niños que, cumplidos los 18 años, los tienen que echar a la calle porque estas instituciones no los pueden tener.

Me comentó que el centro que visitó tiene una capacidad real para 50 menores pero alberga a 200. Dijo que cualquier cosa que uno llevara para regalar parece ser ínfima. “Las necesidades que tienen van desde lápices de colores hasta…. no sé, calzones de niñas”.

Pero lo que me relataba no era lo peor de todo, para nada. Nos enteramos por la prensa que dentro de los centros hay funcionarios que maltratan a los niños y los sobremedican. Hemos tenido que conocer informes de abusos físicos y psicológicos, además de comercio sexual y tráfico de drogas al interior de los centros. Otros antecedentes revelan las muertes de niños ahogados en sus propios fluidos, homicidios, suicidios y otros que han fallecido por evidente negligencia del personal. Decir que da rabia e impotencia es poco.

No todos los funcionarios son malvados y negligentes. Esta misma persona también me comentó que, en su mayoría, estos “poquitos trabajadores hacen lo impensado y tratan de suplir todas las necesidades, trabajan por muy poco sueldo y jornadas emocionalmente agotadoras”. Es notorio que la infraestructura y la capacidad de personal es insuficiente. No es entendible que, tal como la noche cuando murió la pequeña Lissette, solo 1 funcionario esté a cargo de más de 100 menores.

Es casi ofensivo pensar que esta institución depende del Ministerio de “Justicia y Derechos Humanos”. Donde los niños son considerados como “stock” y donde las muertes son contadas como “egresos”.

Lo que estamos haciendo con los niños más vulnerables, con los que tienen menos herramientas para desarrollarse y los que vienen de las peores realidades del país es meterlos a centros donde a través el sufrimiento, la carencia afectiva y la falta de tratamientos adecuados los transformamos en quienes, en unos años más, se convertirán en la población penal.

Un terapeuta ocupacional de Gendarmería me comentó que, de acuerdo a su propia experiencia, el porcentaje de actuales reclusos que en algún momento pasaron por algún centro del Sename “es altísimo” y que, según su experiencia, “un alto porcentaje de los adolescentes que pasan por centros del Sename, que llegan ahí por haber cometido ilícitos, generalmente van en una escalada delictual… el aumento de la rabia, la frustración, la asociación a pares negativos en los mismos centros y la falta de intervenciones integrales son facilitadores para continuar delinquiendo”.

Démonos cuenta de que los centros que se suponía debían encargarse “de la protección de derechos de niños, niñas y adolescentes” (según lo menciona su sitio web), se han convertido en centros de capacitación de los delincuentes del mañana.

Démonos cuenta de que esos mismos niños que en un momento se les privó del derecho a una familia y un ambiente de paz, esos mismo niños que no se les dio atención médica y psicológica adecuada, además de que se les usurpó su inocencia, son los mismos niños a los que, ya un poco más crecidos, apuntamos con el dedo durante la sección policial de los noticieros centrales y les decimos “esos se tienen que pudrir en la cárcel”, “a esos hay que puro matarlos”. Nosotros, como sociedad, los estamos convirtiendo en eso.

Rápidamente se me viene a la memoria las duras palabras de Jesús mismo contra quienes abusan y dejan a los niños en el olvido. Al poner un niño en medio de con quienes conversaba, dijo que los niños eran los mayores en el reino de los cielos, añadiendo que “cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiese en lo profundo del mar”.

Y es que la situación del Sename no es solo escandalosa sino también vergonzosa y tristemente cruel. Somos parte de una nación con prioridades trastocadas que enfoca sus políticas públicas a los que más gritan, los cuales no siempre son los que más lo necesitan. Hay tantas demandas legítimas por las cuales luchar que nos afectan directamente, pero al hacerlo no nos olvidemos de quienes no pueden, no saben, ni tienen cómo hacerse escuchar por quienes tienen el poder de tomar decisiones. Es una responsabilidad ciudadana y de la prensa el mantener el tema sobre la mesa para presionar a la autoridad. Hagámoslo antes que sea demasiado tarde para algunos, porque para otros ya lo fue, y no hay vuelta.

Yamil Inostroza

Penquista en Stgo. Director de FaroALasNaciones.com. Emprendedor social interesado en la contingencia nacional e internacional, defensa de la familia y el ser humano. Prefiere construir puentes en vez de muros. Le gusta escuchar música y tocar el piano.

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