Las preguntas que se abren con la uberización de la economía

A propósito del reciente aterrizaje de Uber a Concepción y el debate que genera la aplicación, junto con otros servicios como Cabify o Airbnb en distintos países, se abre la instancia para preguntarnos por este nuevo escenario que demuestra, una vez más, que en los negocios la política tiene un rol relevante.

¿Qué hay más allá de estas startups que están redefiniendo el mercado y  sus regulaciones?

Hoy Uber nos está mostrando un modelo económico paralelo al que estamos habitualmente acostumbrados. Hablamos de economía colaborativa, una forma práctica y sencilla que está cambiando la forma en que solicitamos o buscamos un vehículo de acercamiento, un lugar para dormir o una persona para que realice aquellos trámites que, por tiempo o comodidad, estamos dejando de realizar.

La “uberización de la economía” es hoy una realidad y está despertando el desarrollo de ideas disruptivas de mercado que nacen con la intención de tener un impacto positivo en la sociedad y bajo el alero de todas las posibilidades que brinda la tecnología.

¿Qué lecciones nos deja la discusión actual sobre Uber?

Primero, queda demostrado que no es sólo una discusión entre privados. Esto, y así como ha sido también en otros países, es una preocupación de carácter público; de la necesidad de regular y/o modificar las actuales disposiciones en materia de transportes. Uber ha logrado despertar a aquellos que muchas veces repiten –o solían repetir- ese clásico refrán “no me interesa la política o los políticos”, el que en los noventa era conocido como “no estoy ni ahí”. Hoy, muchos de aquellos son parte de la discusión política. ¿Cómo? Pidiendo a través de las redes sociales que el gobierno regularice los servicios que presta Uber o Cabify o bien, desde la otra vereda, desplegándose como gremio en las calles y en las instituciones solicitando la fiscalización de un servicio informal.

Aquello que aún no es regulado, paradójicamente cuenta con la legitimidad abrumadora de los consumidores. Consumidores que de un momento a otro también despertaron ese carácter “ciudadanos”, defendiendo aquello que consideras funciona de forma óptima, transparente y segura. Situación que hasta podría parecer extravagante en un momento en que el país cuenta con instituciones que gozan de legalidad, pero que ante la ciudadanía carecen de legitimidad.

Entonces ¿Qué podemos rescatar de este fenómeno? Primero, que el trabajo bien hecho -transparente, eficaz y (co)creado sobre la necesidad de las personas- logra el respaldo que hoy muchos políticos, empresarios y organizaciones quisieran tener. Segundo, que independiente la esfera en la que estemos, ya sea en el mundo de los negocios o en la política, es necesario innovar para encontrar herramientas y tendencias que se acerquen a este nuevo modelo de ciudadano-consumidor, que si bien creíamos estaba dormido hoy nos ha demostrado su capacidad de respuesta y cohesión ante un objetivo común.

La invitación de este fenómeno “Uber” es a mirar más allá de nuestro espacio, entender los intereses y necesidades de las personas y sobre eso entregar las respuestas idóneas y transparentes que el mundo hoy espera.

Que Uber sea hoy la oportunidad de aprender y apostar por la innovación independiente del contexto en el cual nos encontremos.

La invitación de este fenómeno “Uber” es a mirar más allá de nuestro espacio, entender los intereses y necesidades de las personas y sobre eso entregar las respuestas idóneas y transparentes que el mundo hoy espera.

Gustavo Bascuñan Lopez

Cientista Político de la universidad del desarrollo. Sus temas de interés están en la comprensión del entorno político y social de los negocios.

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