OLLA COMÚN

Hoy atravesamos la emergencia sanitaria más grande que ha golpeado a la humanidad en los últimos 100 años. Hemos debido reorganizar nuestras vidas detrás de una mascarilla y mantener un distanciamiento social que no nos es natural. Junto con ello, esta crisis también desenmascaró realidades sociales que se encontraban en el olvido y se creían superadas.

Esta pandemia ha golpeado especialmente a las mujeres en distintas aristas de su vida. Una de ellas, ha sido el explosivo crecimiento de denuncias por violencia, cifra que ha aumentado cerca de un 150% en comparación con el año 2019. Esto no significa que las personas sean más violentas por la crisis, sino más bien, queda en descubierto los casos que por mucho tiempo estuvieron en las sombras, dejando una vez más en manifiesto, los desafíos del Estado con respecto a la falta de atención a los derechos humanos de la mujer.

Con respecto a la tasa de ocupación laboral de la mujer, ésta disminuyó un 12,1%, en comparación con el último trimestre del año 2019, cabe precisar que, según el INE, la participación de la mujer en el ámbito laboral, había alcanzado uno de sus valores más alto a nivel nacional (53,3%). Tras la irrupción de la Covid19, esos avances se han convertido en retrocesos, la CEPAL ya ha adelantado que, en América Latina, la pandemia ha generado una regresión de más de 10 años en dicha área.

Pese a la gran disminución de la tasa de ocupación laboral en empleos formales, la participación e importancia de la mujer para afrontar este tipo de crisis, es fundamental y es que, históricamente, las mujeres se han caracterizado por ser organizadoras dentro de su vida familiar al igual que en el ámbito comunal.

Un importante elemento para medir esta severa crisis sanitaria y socioeconómica, es la reaparición de las ollas solidarias, las cuales emergen naturalmente, tras crisis políticas, huelgas, crisis económicas o a través de una emergencia sanitaria, como la que atravesamos hoy. Estas expresiones de abandono estatal se han instalado en diversas comunas de Chile, principalmente en sectores populares, donde las dificultades laborales se acrecientan cada vez más y el hambre es un tema no resuelto.

¿Quiénes hacen suya la resolución de esta problemática y buscan intempestivamente cómo parar la olla? Mujeres en su mayoría. Si bien, no hay una estadística oficial sobre su participación en este tipo de actividades, la intervención y liderazgo de mujeres en ollas comunes a lo largo de nuestra historia, ha sido una tendencia.

Las preocupaciones de la mujer van más allá de las labores que día a día ejercen en su trabajo u hogar, a saber, cuidado de menores, enfermos o adultos mayores -trabajo invisible según lo ha definido la Organización Internacional del Trabajo-, o la contención emocional familiar durante esta pandemia. Adicionalmente, se hace responsable y hace suyos los problemas que atraviesa su propio entorno vecinal, ejerciendo el liderazgo de diversas iniciativas sociales con el fin de crear comunidad. Lo anterior va, desde la organización de barrio, planificación, manejo, producción y repartición de alimentos y en el contexto actual, procurando el autocuidado e higiene a fin evitar brotes del virus en su entorno. Pese a la importancia de este liderazgo, en su mayoría es invisibilizado socialmente y catalogado como una responsabilidad inherente de la mujer.

Este fenómeno responde a la asignación de roles que la sociedad impone de acuerdo al género del individuo, ello no hace sino opacar este importante rol, sobre todo por parte de los hombres que viven en su hogar, quienes tienden a no incluirse en el cuidado y cooperación dentro del espacio doméstico. Pese a ser una realidad que ha ido cambiando generacionalmente, no es un secreto que muchas mujeres, tras extenuantes jornadas laborales, deben llegar a sus hogares a ejercer responsabilidades domésticas colectivas, no pudiendo invertir tiempo en ellas.

Es aquí cuando invaden los prejuicios de los estereotipos de género: mientras los hombres son sindicados competitivos, con poder y autoridad, a las mujeres se les categoriza por un rol que acentúa su interacción humana, como también por el apoyo social que entrega. Este prejuicio de género existente hace que la desigualdad entre hombres y mujeres sean mucho más amplia, lo mismo sucede con el rol de liderazgo femenino que no es compatible con lo que la sociedad impone y las hace más invisibles.

Dichas características del género femenino, ayudan a la mujer a tener un empoderamiento en el liderazgo natural que nace por necesidad, como es el caso de las ollas comunes, atendiendo de buena manera las penurias y relaciones sociales en beneficio para todos, sin ninguna retribución monetaria.

Ya llevamos 15 meses de pandemia, casi dos años de una crisis en la que todos hemos visto de alguna manera mermada nuestra salud física/mental, rutinas, finanzas y bienestar social. Los casos siguen aumentando y pese a la campaña de vacunación aún no podemos ver la luz al final del túnel. Hoy, gran parte de la población de Chile enfrenta una nueva cuarentena, la cual será una fracaso e imposible de cumplir si el Estado no responde con ayudas sociales con la premura que exige un escenario como el que vivimos, el hambre no es una opción.

Ante la ausencia de políticas sociales permanentes que ayuden a cientos de familias chilenas a sobrellevar el encierro sanitario, probablemente vuelvan los noticieros y redes sociales a centrar su atención en las ollas solidarias, normalizadas de mala manera por parte de nuestra sociedad.

Mientras dicha ayuda social no se formalice ni llegue a los bolsillos de los más vulnerables, las ollas comunes continuarán con su rol social, lideradas mayoritariamente por mujeres, entregando esperanza a quien la necesita sin distinción ni discriminación hacia quien recibe un plato caliente de comida, que, en muchas oportunidades, es el único del día.

A pesar del liderazgo que han demostrado las mujeres en esta pandemia, seguimos sin romper la brecha género y menos la subrepresentación de mujeres en puestos de decisiones. Para ello, debemos perseverar en impulsar cambios a las actuales estructuras sociales machista y no solo sacar a relucir este importante rol de la mujer en situaciones de crisis, sino que, transformando determinadas ideas preconcebidas de los estereotipos de género, lograremos tener un mejor Estado, democracia y sociedad.

Paulina Villarroel Gonzalez

Paulina Villarroel González Cientista Política con mención en Políticas Públicas, Directora Nacional de la ONG Parejas Sin Violencia, Chile. Encargada Área de Genero e Inclusión Social, Observa Biobío. Diplomados y estudios en temas de Relaciones Internacionales, análisis político, métodos cuantitativos, teorías de género y equidad.

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