Sobre el voto voluntario y al actual contexto

La aparición del voto voluntario en Chile, sin duda trajo consecuencias inesperadas en la participación electoral. Luego de aprobado el proyecto y convertido en realidad, las reacciones y las expectativas eran bastante grandes. Cristián Larroulet, por entonces Secretario General de Gobierno, equiparaba la reforma con aquella que había permitido a las mujeres participar en los procesos electorales. Fulvio Rossi, explicaba que en el nuevo contexto “el desafío de la clase política es convocar a los jóvenes a la participación y a votar”. En la misma línea, el senador Francisco Chahuán decía que “los políticos deberán re encantar a la ciudadanía”.

Lo cierto es que nada de esto ocurrió.

El voto voluntario ha tenido el efecto totalmente inverso. Ha generado públicos cautivos inmóviles, cuyo único reto para los partidos políticos es movilizar el día de la elección. El mejor ejemplo de esto es la campaña de Sebastián Piñera, quien observando este fenómeno ha llevado su discurso hacia el conservadurismo más duro, buscando representar a una población sobre la que tiene certeza irá a votar el día de la elección, como ya lo hizo el día de las primarias.

El escenario en la Nueva Mayoría es de mayor tensión. La bajada por secretaría de algunos candidatos y la ausencia de primarias por otro son situaciones que no convocan a sus propios votantes, y ese es un riesgo muy grande. Si Guillier tiene la capacidad de llegar a la primera vuelta sin heridos y sin herir, su competitividad frente a Piñera aumentará, pues su base electoral (aquella que está dispuesta a participar) es más amplia considerando los resultados de las últimas municipales.

El Frente Amplio, aparentemente no se ha dado cuenta que la estrategia por convocar nuevos votantes es estéril. Que no se trata de tener o no esa capacidad, si no que en sistema chileno con voto voluntario esa posibilidad no existe, precisamente para que agrupaciones como el Frente Amplio no se conviertan en una amenaza. Durante 20 años el binominal hizo el trabajo de exiliar al Partido Comunista del sistema político, al no transformar sus votos en escaños. En la actualidad es mucho más sutil la forma en que apelando a las libertades individuales, el sistema se perpetúa en uno con dos fuerzas tradicionales en disputa.

En esa lucha por la diferenciación (que por su estilo, deriva en auto marginación) está también la tragedia electoral del Frente Amplio. Su única oportunidad radica en la capacidad de replicar y multiplicar acciones como las de Paula Quintana en Valparaíso, situación que llevó un importante acarreo de votos de socialistas inconformes que terminan con la elección de Jorge Sharp.

Seguro hay sectores del socialismo dispuestos a la conversación, pequeños sin duda, el PS no se va a inmolar por lograr acuerdos con el Frente Amplio, pero tampoco debiera continuar bajando la cabeza por lograr un acuerdo con la Democracia Cristiana, que no ha hecho más que coquetear con la derecha, creyendo que siguen siendo la DC de Frei Montalva, cuando en realidad son la DC de los Walker.

Más allá de las cuentas electorales, el PS tiene una responsabilidad muy grande, pues puede dejar de ser el eje articulador con el supuesto centro político, y pasar a ser un puente con el discurso a la izquierda. Ya lo hizo una vez, liderando las conversaciones para la integración del PC a los pactos electorales, la decisión sobre hacia donde quieren mirar la tienen ellos.

Simon Cifuentes

Cientista político (c) Magíster en comunicación política

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