Democracia, democracia y más democracia

Hace unos días nos enterábamos de un acuerdo firmado por 34 convencionalistas que desconocen públicamente el “Acuerdo por la Paz” del 15 de noviembre de 2019 que, posteriormente, nos conduciría al plebiscito y a las elecciones de las personas que integrarán el organismo, encargado de confeccionar la próxima Constitución de Chile.

En esta carta se acusan a las instituciones y al poder político de “imponer condiciones políticas antidemocráticas para el desarrollo de este proceso” constituyente – el más importante de nuestra historia – y, para lo cual, apelando al “carácter extraordinario de los acontecimientos políticos en curso” se hace el llamado y declaración – como condicionantes –  de seis principios fundamentales para este “nuevo ciclo político en Chile”. (Leer declaración).

Sin duda alguna, entre sus planteamientos encontramos diagnósticos de problemas vigentes en Chile como la falta de verdad de los militares implicados en delitos de lesa humanidad cometidos en dictadura, la escasa protección del Estado hacia el medioambiente, el reconocimiento definitivo a nuestros pueblos ancestrales y un auto reconocimiento de Chile como un Estado Multicultural o Plurinacional, entre otros, pero de ahí a presentarlas como condicionantes para el sano proceder de la convención es una falta de respeto que vislumbra una suerte de mesianismo político, pues, además, se presentan y autodenominan como la “Vocería del Pueblo” y no simplemente de sus representados, sino una vocería definitiva de pueblo.

La democracia requiere de diálogos, no es una imposición ni la dictadura de las mayorías ni de ninguna minoría, pues permite y debe permitir el espacio del dialogo constante entre las fuerzas políticas representantes de la ciudadanía, dividida geográfica o temáticamente (etnia, cultura, intereses, visión del mundo, etc) por lo cual, pararse sobre la exigencia de condiciones para ejercer el rol más importante de nuestra historia – ser miembros de la Convención Constitucional – es desconocer a la democracia misma como el camino del diálogo.

Ahora bien, es innegable que la aparición de esta facción es también una prueba más del punto de tensión hasta donde nos han traído los partidos políticos tradicionales y su incapacidad para alcanzar acuerdos que construyan un buen futuro para Chile, incluso en medio de una crisis sanitaria global. Es un síntoma del problema de fondo.

No son tiempos para permitirnos este tipo de insinuaciones, ni tampoco es el rol que les corresponde cumplir. Sin duda que dentro de la convención las facciones, además de viejos y nuevos bloques existirán y aplicarán distintas estrategias para poder superponer o hacer valer su visión de la vida sobre nuestra próxima Nueva Constitución, y quizás de estas alianzas surjan nuevos partidos o movimientos políticos, tan necesarios para la renovación y el futuro, pero, en estricto rigor, el poder que se les ha transferido mediante la elección, supone una responsabilidad democrática por sobre todas las cosas. Diálogo, respeto, tolerancia, además toda su inteligencia y espíritu enfocados en construir mecanismos que nos permitan abordar, incluso las mismas problemáticas que – de esta declaración – se pueden entender como diagnósticos de flagelos de nuestra sociedad, pero primero sométanse a la deliberación. No comienzas una conversación con un combo en el hocico, mucho menos la confección de la Carta Magna, por más razón que tengas o creas tener.

Por último, aclarar que el “Acuerdo por la Paz” fue la mejor solución que se pudo dar en tiempos de revuelta, donde nadie del poder político tenía la legitimidad suficiente como para calmar las aguas, ni tampoco el pueblo tenía representante visible algún, incluso, sigue sin tener una cabeza, sino un grupo electo de representantes y la oportunidad inédita que hoy vivimos con paridad de género y la participación protegida de nuestros pueblos ancestrales.

Nunca olvidar que solo la democracia se resuelve a sí misma, pues permite que crucemos ideas y suscita el escenario para resolver nuestras diferencias sin cruzar fuegos, por eso somos demócratas.

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